Con la directora y autora teatral Angélica Gónzález -“Equilátero- La utopía del amor infinito” en el ECIE

La Cultura en Tiempos del Coronavirus-  Por RSMC- “Equilátero – La utopía del amor infinito”, es una obra teatral de Angélica González (*), que ella codirige con Romina Capote. “Equilátero…” se presentó en los días 6,7, 8 , 13, 14 y 15 de noviembre de 2020, en el Espacio Cultural Ignacio Espino (ECIE). Entrevistamos a Angélica, quien demuestra su creatividad una vez más, con un texto y puesta en escena  tan provocativos como dinámicos,  sobre el amor en la posmodernidad. La obra obtuvo la Primera Mención en el Concurso de Obras Inéditas, COFONTE- AGADU.

Obra  teatral «Equilátero», en el ECIE

El reto de la Tecnicatura en Dramaturgia

_ ¿Cuándo escribiste esta obra?

Angélica González: _ En 2018,  cuando inicié mi Tecnicatura en Dramaturgia. Fue un texto que utilicé y seguí trabajando, para someterlo a revisión, en tutorías con docentes como Jimena Márquez (**), y  con algunos compañeros.

_ ¿Dónde cursas esa Tecnicatura?

_ Se cursa en el Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE), en Montevideo. Está coordinada por la EMAD y  por la Facultad de Humanidades. Yo ya estaba escribiendo obras  teatrales,  y las había estrenado con anterioridad a  esta.  La  Tecnicatura me dio un espacio para mi formación, y para el trabajo específico sobre este texto, que no es una obra de egreso. Terminé de escribirlo a partir de las herramientas que fui adquiriendo en la Tecnicatura. Sigo cursándola.

“Esta tremenda armonía”

_ Ya desde el título se alude a un triángulo amoroso…

_ La historia gira en torno a la pareja formada por Natalia y Manuel, quienes nacieron en la década de los ’90 y son en apariencia tan “líquidos”, como la modernidad  en que les tocó vivir.

_ Son jóvenes que cambian, que son inestables…

Paty García y Gabriel Gozado , en «Equilátero», en el ECIE

_ Es una referencia a los filósofos de la posmodernidad, a esa “Modernidad líquida “, a la que alude en su libro homónimo Zygmunt  Bauman.  Natalia y Manuel hace 6 años que conviven. Están enamorados, pero el amor “les pesa”. Aparece Ana, el tercer personaje,  y con ella intentan encontrar el equilibrio. Creen que ella puede generar un reencuentro con esa estabilidad emocional perdida. No obstante, a veces, esa percepción que le atribuimos al triángulo equilátero, no condice con los seres humanos.

Cuestionamientos  y frustraciones

_ Una tercera persona en cualquier relación,  es potencialmente un factor de discordia. Aún más si se suma a una pareja amorosa…  

_ Es un poco paradójico, porque tanto el triángulo como el número 3, tienen una simbología asociada con la armonía.  La obra es un cuestionamiento a las lógicas con las que nos relacionamos tradicionalmente. Estos personajes están atravesados por la caída de  valores que nos sustentaban…

_ ¿Qué valores “cayeron”?

_ Por ejemplo el  valor de una institución como la familia. Las personas que nacimos en los ’80 y los ’90, comenzamos a descreer  en ella como  institución sólida. Ya no parece tan necesaria para completarnos como seres humanos. El  tener hijos también se pone en duda. Se cuestiona  hasta el hecho de concebirnos junto a otro. En muchos casos, primero está la realización personal. Esto anularía todos esos deseos que se nos imponían como mandatos de la sociedad.

Andreína Lamenza, Paty García y Gabriel Gozado en «Equilátero»

_ Eso aparece en esta obra…

_ Sí, pero no exento de conflicto.  Pertenecemos a una generación atrapada entre no querer reproducir el modelo tradicional familiar,  y  el enfrentamiento con el vacío, por la ausencia de valores reales. Somos una generación tan individualista, como frustrada.  La obra sondea acerca de esa insatisfacción constante, esa imposibilidad de conectar con el otro, por tener distintos ideales sobre el amor.  Entran en colisión el amor romántico con el amor más pragmático. Natalia  descubre que el amor es como una droga, porque es una “reacción  química” y eso la frustra…  Manuel representa una visión más tradicional del amor, no tan interpelativa,  no cuestiona tanto.  La deconstrucción está representada por Ana. En una pretensión utópica de estabilidad, obra el efecto contrario.

“Lautréamont o su última carta”

_ ¿Qué otras obras de tu autoría se han representado?

_ “Lautréamont o su última carta” [unipersonal estrenado en el ECIE en 2018, y protagonizado por Julio Persa].

_ Esa obra ha sido  elogiada. Se dio varias veces en el ECIE,  en la “13ª Feria Internacional de Promoción de la Lectura y el libro de San José” y en otros lugares. Nunca pude verla…Fue muy oportuna por homenajear  al poeta franco- uruguayo  Isidoro Ducasse [1846-1870], quien se conociera como “Conde de Lautréamont”.

_ Estuvimos con “Lautréamont o su última carta” hasta fines de octubre de 2020, en el Teatro Circular de Montevideo.

Premonitoria “25 minutos de oxígeno”

Escribí también la obra “25 minutos de oxígeno”, dirigida por [la actriz maragata] Leonor Chavarría, que estaba enmarcada dentro de un “Proyecto de Teatro Foro” que se llevó a  instituciones sociales, culturales,  educativas, y a la Cárcel de Juan Soler…Plantea un intercambio con el público. Dura 25 minutos. Hace dos años que la estrenamos.

Se representó también en la 14ª Feria del Libro de San José [2019]. Su tópico es el encierro.  Un submarino está averiado y hundido en el mar. Sus tripulantes están atrapados,  y saben  que les quedan solo 25 minutos de oxígeno.

_  ¿Adivinaste que se nos avecinaba esta pandemia? ¡Van a tener que darla de nuevo!

_ Creo que en breve se van a dar funciones, porque obtuvo el Fondo Regional para giras, que otorgan los Fondos Concursables del MEC.

 “Nos propusimos estrenar ‘Equilátero’ en este año,  por dignidad y resiliencia”

 _ Hacen en el ECIE solo seis funciones de esta obra…

_  Sí. Fue todo un desafío estrenar en época de pandemia. Íbamos a estrenar este proyecto en el primer semestre de este año, pero la pandemia frenó todo. Hubo mucha incertidumbre, porque nos preguntábamos para qué seguir ensayando. Tampoco sabíamos qué iba a pasar con el ECIE. Todo quedó con mucha fragilidad: el teatro, los actores, los artistas…

_ Duele mucho lo que le ha pasado y continúa pasando, con todas las disciplinas artísticas durante esta pandemia. Todo lo que quedó en suspenso y vedado durante meses, es lo que hace (re)vivir a la gente.

_ Nos propusimos estrenar “Equilátero” en este año, por una cuestión de dignidad y resiliencia. Por eso nos planteamos hacer 6 funciones, para ver qué ocurría. La verdad es que llenamos la sala, claro que con el aforo reducido por la emergencia sanitaria. La capacidad es de 30 espectadores…

_ Eres muy versátil, porque escribes sobre temas diversos. ¿Qué mensaje o reflexión  harías sobre  “Equilátero…”?

_.  Mi reflexión es que “el amor es siempre subversivo, nos cuestiona y se resiste a ser encuadrado en un plan prediseñado para el cual deba ser funcional. No es nada nuevo. Desde los orígenes de la humanidad y recogido por el Arte, siempre es una experiencia subversiva, que se contrapone con el orden establecido.”

  (*) Angélica González es Profesora egresada del CERP en Lengua y Literatura. Obtuvo la Efectividad como Profesora de Idioma Español. Trabaja como docente.

 (**) Jimena Márquez es dramaturga, directora de teatro, profesora de literatura egresada del IPA,  actriz, y letrista de carnaval uruguaya.

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“Equilátero- La utopía del amor infinito”. Sala: Espacio Cultural Ignacio Espino.  Br. Manuel D. Rodríguez 610, Antiguo Galpón de AFE. San José de Mayo.

Ficha técnica: Texto: Angélica González. Dirección: Romina Capote y Angélica González .Elenco: Andreína Lamenza Geninanzi (Ana) / Gabriel Gozado (Manuel)/ Paty García (Natalia). Investigación en el movimiento: Moriana Romero. Diseño de escenografía y luces: Nåndo Scorsela. Realización de escenografía: Alvaro Ortiz. Diseño y ambientación sonora: Jona Mieres. Vestuario: Tania Galaretto Audiovisuales: Álvaro González. Producción ejecutiva: Julio Persa. Operación de luces: Daniel Calero. Producción: Intermedios producciones. Venta de entradas por Redtickets.

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Apuntes: La obra es provocativa por su contenido y su desarrollo. Es  un relato no lineal, con saltos en el tiempo, y  escenas muy breves o aun vertiginosas, por  lo que capta la atención. Quizá se reitere más de lo necesario el concepto del  triángulo, en el texto e inclusive en una suerte de dramática y frenética “danza” entre los tres agonistas… Natalia (Paty García), logra desconcertarnos. Dudamos siempre qué piensa y/o siente “de verdad”, porque es la cuestionadora. Gabriel Gozado acierta en su personaje estructurado, casi impávido.  Andreína Lamenza convence como la libérrima Ana. El diseño  de la escenografía y su concreción son  muy buenos: su estructura  permite entradas y salidas veloces e imperceptibles de los actores. Iluminación y ambientación sonora se  conjugan para ello. Asimismo, estos contribuyen a  crear los distintos climas “vividos” por estos  tres jóvenes, a quienes el amor les hace bordear varias veces el abismo, literal y metafóricamente, lo que nos impacta y nos hace reflexionar sobre angustias de hoy y de siempre . RSMC.

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Fotografía que encabeza esta página: Autora y directora teatral Angélica González. Esta y las otras fotografías de esta página fueron gentilmente enviadas por nuestra entrevistada.

Esta nota fue publicada el martes 17 de noviembre de 2020, en la pág. 7 del periódico «Visión Ciudadana», de San José de Mayo, Uruguay.

 

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